sábado, 19 de enero de 2008

WUTHERING HEIGHTS (1939)

CUMBRES BORRASCOSAS de William Wyler. (“Wuthering Heights”, 1939). Escrita por Ben Hecht y Charles McCarthur. Fotografía de Greg Toland. Con Laurence Olivier, Merle Oberon, David Niven, Flora Robson, Donald Crisp, Hugh Williams, Geraldine Fitgerald, Leo G. Carroll. United Artists, USA. (****, de 4)

William Wyler tuvo una carrera ciertamente irregular. Lo mismo era capaz de hacer excelentes películas como “La señora Miniver” (1942) o “Los mejores años de nuestra vida” (1946) que de hacer verdaderos monumentos a lo mediocre y al cartón piedra ya no de los decorados sino de un estilo narrativo, como en “Ben-Hur” (1959) o “Cómo robar un millón” (1966) pero, sin dudarlo, fué un auténtico maestro. Sus excelentes películas nos hacen olvidar las mediocres y, con nuestra buena intención de cinéfilos incondicionales siempre nos sacaremos de la manga alguna buena excusa. Es natural y correcto. Entre sus filmes más antológicos está este, “Cumbres borrascosas”. Está basada en la novela homónima de Emily Bronté y ha sido una obra diversas veces llevada al cine, entre tantas otras se encuentra la que Luis Buñuel realizó en 1953 pero esta vez con el título que pasó a ser “Abismos de pasión”.

Esta versión de “Cumbres borrascosas” está muy bien pero, a mi modo de ver está anclada en los arquetipos básicos del melodrama pero, eso sí, es un melodrama elegante, sumido en esa elegancia de estilo que, por ejemplo podía verse en otras obras de Wyler como, por ejemplo, “La calumnia” (1961). Así que ya que he dicho que es una buena película también convendría destacar los aspectos fallidos del filme, y no fallidos sino muy corrientes. Es corriente en el melodrama coger un libro —por ejemplo— y convertirlo en una novela rosa y eso, en cierto modo, es un poco lo que ha perdido puntos de la película. La novela de Bronté no era una vulgar historia de amor (ya digo que muy bien tratada por Wyler) sino una triste historia de amor y odio. Es una historia desenfrenada sobre dos personas que se aman y que la fatalidad las hace amarse en el fondo aún pero odiarse. Cuando Katy muere resulta patético ver a todos rezando mientras Heathcliff maldice su alma para el resto de sus días. La “Cumbres borrascosas” de Wyler, sin embargo, pese a los fallos que halla podido tener es estupenda, el tratamiento de la luz muy acertado porque a la historia da un cierto hálito gótico muy bien logrado.

Sin embargo, por encima de los demás melodramas está este. Se podría llegar al fondo de lo que pretendía Bronté con el libro y lo que perseguía Wyler con su filme. En los dos hay una mutua conexsión que es una especie de relación demoníaca (Heathcliff es hermano bastardo de Katy), un incesto. Pero esto está tratado muy de refilón, ni siquiera se da a entender esta infernal relación entre los dos. Pero sin conocer este detalle es poco probable que entendamos el odio del hermanastro de Heathcliff (Laurence Olivier) hacia éste; le llama, entre otras cosas, “gitano” y es que es hijo de una gitana y el padre de los dos hermanos, Katy y su hermano (del que luego Heathcliff se vengaría sádicamente). Pero la película de William Wyler es casi redonda. Cuenta con una buena fotografía de Gregg Toland (“Ciudadano Kane” de Orson Welles), con una acertada música y con unas actuaciones excepcionales, predominando la de Laurence Olivier. La realización de Wiliam Wyler como ya he dicho es muy aceptable y la historia, que se desenvuelve entre el amor y la venganza está dotada de una elegancia y depuración de estilo sutil pero perceptible. (1982)

CEILING ZERO (1935)

ÁGUILAS HERÓICAS de Howard Hawks (“Ceiling Zero”, 1935). Escrita por Frank –“Spig”— Wead. Fotografía de Arthur Edeson. Con James Cagney, Pat O’Brien, June Travis, Stuart Erwin, Isabel Jewell, Henry Wadsworth, Craig Reinolds, Barton McLane. Warner Bros, USA. (****, de 4)

Howard Hawks fué de siempre un gran aficionado a volar. A causa de esta gran afición (antes de director fué piloto) realizó unas cuantas cintas cuyo fondo era el de la aviación. Esta película, “Ceiling Zero” fué, como otras que hizo, anterior a su obra maestra en este terreno, “Sólo los ángeles tiene alas” (1939) que es, a todas luces un filme genial y absolutamente espléndido. Pero antes de ella, pese a hacer cosas espléndidas con un fondo de aviación no eran más que unas predicciones de lo que vendría más tarde.

“Ceiling Zero” comparada con “Sólo los ángeles tienen alas” se queda pobre pero no podemos comparar una película muy convincente con otra excelente, redonda y magistral sin que esta primera se quede corta. “Ceiling Zero” tiene muchísimas cosas buenas, Hawks, con su estilo serio y preciso, ese arte de ir al grano, nos envuelve mágicamente. Mágicamente porque Hawks es un verdadero maestro del cine. Sus películas tienen un poderoso gancho, una tremenda fuerza dentro de su aparente superficialidad. Aunque en “Sólo los ángeles tienen alas” esta rara perfección es mucho mayor, en “Ceiling Zero” tampoco puede ocultarse o hacerse el sueco ante ella porque es tan palpable y real en toda su filmografía que siempre se acaba dando perfecta cuenta de ella. Y es que Hawks, más que un artesano fué un maestro y un gran cineasta. Y no exagero. Indudablemente “Ceiling Zero” no es de sus obras maestras pero sí que tiene en cambio la ambientación de los mejores negros de Raoul Walsh, es redonda. Hawks es, por fin, considerado hoy en día como el maestro que es y es que ya parecía un montaje el que no se hiciese. (1982)

BLACK HAND (1950)

LA MAFIA DE LA MANO NEGRA de Richard Thorpe. (“Black Hand”, 1950). Escrita por Luther Davis. Fotografía de Paul. C. Vogel. Con Gene Kelly, J. Carroll Naish, Teresa Celli, Marc Lawrence, Frank Puglia, Barry Kelley, Mario Silletti, Peter Brocco. Metro-Goldwyn-Mayer, USA. (**, de 4)

Que, por ejemplo, en “El pirata” de Vicente Minnelli (1947) o en “Los tres mosqueteros” de George Sidney (1948) se nos presente una mezcla de Errol Flynn y Gene Kelly puede tolerarse porque cuadra. Pero que se propongan crear de Kelly algo parecido a Humprey Bogart no deja de ser, a todas luces, absurdo.

Richard Thorpe es un artesano a sueldo — como casi todos— de Metro-Goldwyn-Mayer y para esta productora creó filmes verdaderamente aceptables junto a otros totalmente despreciables. De él nos quedan sus colosos histórico-aventureros como “Ivanhoe” y los peores filmes de la serie “Tarzán” de MGM pero hay cosas suyas que merecen la pena de verse, si ya no como cintas de calidad sí como viejas películas que poseían numerosos aciertos. Esta, “Black Hand” está mucho mejor dirigida que todo lo que hasta ahora he podido ver de Thorpe pero no por ello llega a ser un buen producto sino que se queda en la estacada como un intento de cine negro en plena época pre-macarthista rozando la Caza de Brujas y que no llega a ser todo lo que tal vez merecía. Los errores son dos o tres. Crear de Gene Kelly una nueva modalidad de Humprey Bogart es irrisorio, Kelly es un buen actor pero no cuadra en una determinada personalidad que esconde amargura, desencanto y moralismo a veces. Gene Kelly es el joven impetuoso en ocasiones, sarcástico y bailarín que es capaz de hacer que lo odien todas las mujeres del mundo gracias a sus desenfadadas costumbres. Pero se intentó. Por otra parte el guión es original en algunos momentos pero otros son de lo más normalillo y hasta incoherente y preconcebido para el buen final de la cinta en contadas ocasiones. Y Richard Thorpe se desenvuelve con fatalismo por entre el Nueva York de 1908 aunque logra en algun momento alguna escena soberbia, sobre todo en los instantes en los cuales la acción se desarrolla en la calle que, junto a una estupenda ambientación de luces y sombras, dan un fruto muy interesante aunque, como ya digo en el resto no deja de ser una intentiva. Una cinta irregular con cosas buenas y buenas de verdad pero fallida.(1982)

THE NAKED JUNGLE (1954)

CUANDO RUGE LA MARABUNTA de Byron Haskin (“The Naked Jungle”, 1954) Escrita por Philip Yordan. Fotografía de Ernest Lazslo. Con Charlton Heston, Eleanor Parker, Abraham Sofaer, William Conrad, Douglas Fowley, Romo Vincent, John Dierkes. Paramount, USA. (****, de 4)

Como ya hemos dicho en la página 157 este film está escrito por el excelente Philip Yordan. Si bien su resultado no es tan convincente y magnífico como en “El hombre de Laramie” de Anthony Mann (1955) son unos diálogos bastante bien hechos y una situaciones con imaginación propias de este escritor.

“The Naked Jungle” es un film de aventuras pero tambien podríamos encuadrarlo en película de intriga, e incluso de tensión. Narra como millones de hormigas rojas — la marabunta— invaden los territorios de Lenninger (Charlton Heston) devorando todo animal viviente, hombre o fiera; la historia es original y Byron Haskin, el director, logra escenas verdaderamente impresionantes: la masacre de las diabólicas hormigas rojas. Haskyn lo resuelve de un modo eficaz, sus primeros planos dan a conocer el suplicio de las gentes que las padecen, tambien logra momentos estupendos en la casa de Lenninger (el momento de la bofetada a su esposa) y panorámicas verdaderamente sustanciales.

Otros grandes aciertos de la película son la ambientación, el dominio de los sucesos naturales como la inundación y la espléndida actuación de Charlton Heston. (1982)

SEMBLANZA: GENE KELLY

GENE KELLY. Bailarín, actor, director, coreógrafo.

Hay tres puntales máximos en la historia del musical –mejor digamos cuatro— y sus nombres son Vincente Minnelli, Stanley Donen, Gene Kelly y Fred Astaire. Luego están, por supuesto, otros como el magnífico coreógrafo Busby Berkeley. Pero los cuatro máximos son ellos. Vicente Minnelli era un gran maestro, Donen tambien, Kelly un gran bailarín y Fred Astaire lo mismo. De esos cuatro el que más hizo por el musical fué Gene Kelly. ¿Podríamos concebir y tan siquiera imaginar “West Side Story” o “Hair” si no llega a nacer Gene Kelly? Imposible. Kelly supuso la renovación del cine musical, una renovación sin la cual numerosos films serían inconcebibles. El cine musical es junto al cine cómico mudo el género más preciso y matemático que existe. ¿Por qué? Cuando vemos un filme de Buster Keaton vemos cómo a Buster le cae una fachada de una casa encima y él se libra de ser aplastado porque la ventana está abierta y al caer éste se cuela por ella. Eso es matemático, sino llega a estar todo calculado a la perfección Keaton se hubiese llevado un buen golpe. Eso es un ejemplo (hay muchos más) y con el musical sucede lo mismo. Vemos a Gene Kelly bailando sobre los tejados de una escuela a medio construir, aunque sabemos que no está a más de tres metros del suelo, si le falla alguna pirueta verá las estrellas. Así pues el musical también se rige por lo exacto. Eso le da una gran belleza al filme. De esta y de muchas más cosas del musical podríamos estar hablando años. Entre la gente el musical es ya algo del pasado, algo caduco y eso es falso, el musical está siempre vivo, es uno de los géneros cinematográficos más puros. Se le acusa de convencional, que sus guiones son simplones y sin metas, es cierto todo eso pero el musical es el único que tiene derecho a eso: a una vida color de rosa, a marineros cantando y bailando por Nueva York, a un americano en París que comienza a bailar en medio de la calle, al simplismo (no confundir con maniqueísmo). Ese fué el género musical que Gene Kelly remodeló.

Gene Kelly nació el 23 de agosto de 1912, en Pennsylvania, Estados Unidos. Su verdadero nombre es Joseph Curran Kelly y era hijo de padres canadienses. Hizo sus estudios en la universidad de Pittsburg hasta 1933. Tuvo muchos oficios, albañil, barman, etc... Eran los tiempos de la Gran Depresión norteamericana y había que ganarse la vida como fuera. Mientras trabaja tambien en clubs nocturnos como bailarín junto a su hermano, Fred. Años más tarde logra llegar a Broadway y allí interviene en obras como “Leave It To Me” o “Pal Joey”. Esta es un éxito rotundo y lo lleva al cine, en 1942, a Metro-Goldwyn-Mayer, la productora más importante del musical. Debuta en “For Me And My Gal” (1942) y pronto se ve convertido en un divo para la gente. Fred Astaire y Gene Kelly son los máximos en ese momento, los más grandes, y hoy lo siguen siendo. Pero Kelly no se remite como Astaire a ser solamente actor y bailarín sino que tambien es director y coreógrafo. El musical está en su apogeo y la Metro es la que posee a Kelly, a Astaire, a Donen y a Minnelli. Fred Astaire siempre fué a su aire, es decir: no tenía generalmente colaboración con ningún director. Él llegaba al plató, actuaba, bailaba, cantaba si era necesario y se iba. Sin embargo Gene Kelly era algo muy distinto. Hizo numerosas películas con Vicente Minnelli y Stanley Donen y cuando estaban juntos los resultados eran encomiables, cuando no, faltaba esa garra, ese gancho tan particular.
Como ya he dicho antes Gene Kelly fué el renovador del cine musical. Antes de llegar él si en el celuloide sonaba una trompeta, en la pantalla alguien tenía que tocar esa trompeta. Sin embargo cuando Kelly llegó desechó esa idea para darle a la música un sentido ambienta, si alguien tocaba una trompeta no tenía porqué salir nadie en la pantalla tocándola. Así pues ¿podríamos imaginarnos un “West Side Story”, mas exactamente en la canción “Maria” a una orquesta subida en los tejados del West Side interpretando la partitura mientras Natalie Wood y su acompañante cantan la mar de embelesados? No. Sería absurdo. Otro de las contribuciones de Gene Kelly al musical era saber adecuar el color a cada filme. Así podemos comprobar en el film de Minnelli “El pirata” unos colores de opereta, de fantasía.

Gene Kelly ha realizado en gran colaboración con Stanley Donen grandes obras maestras del musical. “Cantando bajo la lluvia”, “Un día en Nueva York”... en estos dos grandes del musical siempre hubo un contacto, una chispa que pocas veces hubo entre director-actor y esa chispa creó verdaderas deleidades. Por su cuenta Kelly tambien ha dirigido (“Hello, Dolly”) y ya sin su actuación, los resultados eran convincentes pero menores. Kelly sin Donen o Minnelli era solamente bueno, al igual que Donen y Minnelli sin Kelly aunque estos mucho más (hablamos de dirección cinematográfica).

Hoy en día Gene Kelly trabaja muy poco, ha actuado hace unos pocos años en “Xanadú” pero no merecía la pena. Gene Kelly actor y bailarín (es triste asentirlo) ha muerto. Ya tan sólo nos queda el Kelly coreógrafo y director pero parece no animarse. Cuando muera será otro de los grandes mitos del cine, de Hollywood, otro de esos rostros que aparecen en una pantalla. Y más que eso el creador del musical moderno.(1982)

THE MAN FROM THE ALAMO (1953)

EL DESERTOR DE EL ÁLAMO de Bud Boetticher (“The Man From The Álamo”, 1953). Escrita por Philip Yordan. Con Glenn Ford, Julie Adams, Chill Wils, Victor Jory, Neville Brand, John Day. Universal, USA. (****, de 4)

El productor de cine Aaron Rosenberg reunió un día a cuatro personas para la Universal. Ese día fué uno cualquiera del principio de los cincuenta. Sus nombres eran Anthony Mann (“El hombre de Laramie”, 1955), King Vidor (“Camarada X”, 1940), Raoul Walsh (“Los violentos años 20”, 1939) y Budd Boetticher (“Los cautivos”,1957). Lo que tenían que realizar era westerns. Por aquel entonces Walsh y Boetticher estaban en su apogeo –sobre todo Walsh, al igual que Vidor y Mann. Y por lo menos de no ser así tenían en su haber cada uno filmes muy taquilleros. Esta cinta, “The Man From The Alamo” pertenece a la serie de westerns que Boetticher dirigió para Universal y es un buen augurio de lo que sería capaz de hacer años más tarde junto a Randolph Scott.
“El desertor del Alamo” está escrita por Philip Yordan, un nombre legendario en la historia del cine en cuestión de guionistas. Es famosísimo el trío que formaron Yordan-James Stewart-Anthonny Mann en los films que Mann dirigía.

Se ha especulado que no era Philip Yordan el que escribía sus guiones sino un grupo de “negros” que le ahorraban el trabajo. Son, solamente, especulaciones y lo más seguro es que sean falsas. Philip Yordan supo distinguir lo típico de lo original y supo crear unas gentes y unos ambientes ajustados a la perfección a lo que hoy se denomina western serio. Ejemplos de ello son esta cinta y “El hombre de Laramie” rutilantes guiones en lo cuales la amargura y la decepción ululan como los más crueles fantasmas de la sociedad humana.
La película es en sí todo un buen ejemplo de cine. Boetticher logra el cerrado estilo sobrio, serio, hermético de (por ejemplo) “Los cautivos” y ya vemos que esta es una pequeña obra maestra en la cual ya van aflorando, los odios, las amarguras, el verdadero sabor que tiene la vida. Boetticher sin un buen guión es bueno, con un buen guión es genial. Dentro de todo gran artesano hay un pequeño gran genio. Boetticher logró en esta cinta lograr una situación de odio, de decepción como ya decía antes, hay, en fin, una aureola de tristeza tambien. El desertor, John Stoud abandona el Álamo con la intención de poner a salvo a su mujer y a sus hijos de los mejicanos pero cuando llega a su rancho éste ha sido destruido y su esposa y su pequeño hijo han sido asesinados. Él quiere volver a El Álamo pero se entera de que éste ha sucumbido y nadie ha sobrevivido excepto un hombre que fué el encargado de llevar una carta a Sam Houston. Son muchas las penurias que Stoud (admirable Glenn Ford) ha de sufrir; por un lado los norteamericanos, sus compatriotas lo quieren ahorcar por se “un traidor a la bandera” y además ha de ver vengada a su familia. Un patetismo sale a relucir en el film. Un patetismo que ya es habitual en el western de este tiempo.

NOTA: A causa de una confusión hemos escrito en la presente crítica que el guión del film era de Philip Yordan; no. El guión no es de él sino de Steve Fischer. Pero eso no importa, sigue siendo estupendo y patético en el fondo y como ya hemos dicho con unos caracteres parecidos a los de “El hombre de Laramie”. Philip Yordan sí es el autor de “Cuando ruge la marabunta”

(1982)

THE PIRATE (1948)

EL PIRATA de Vincente Minnelli (“The Pirate”, 1948). Con Gene Kelly y Judy Garland. Metro-Goldwyn-Mayer, USA. (****, de 4). Música de Cole Porter.

Sobre “El pirata” hay muchas versiones. Hay quien dice que es buena pero que no llega a cuajar y hay quien se inclina porque está bien pero que muy bien cuajada. Lo que sí es cierto es que en este film hay tres piezas fundamentales que forman el engranaje que hace funcionar la película: Judy Garland, Gene Kelly y Vicente Minnelli. Cada uno funciona a su modo y es su propio ente. Así Judy Garland para lucirse no necesita de Minnelli ni de Kelly, Kelly no necesita a nadie en absoluto para sus saltos y sus triquiñuelas y Minnelli, que es el director, mucho menos. Sin embargo cada una en su estilo, las tres piezas, Garland-Kelly-Minnelli se complementan en una cinta bastante bien contada cuyo único defecto parece ser la presencia de Judy Garland, muy relajante a veces pero con una voz al cantar algo rasposa. No obstante tambien Kelly la tiene así y no resulta molesto en absoluto.

Judy Garland y Vincente Minnelli

Judy Garland, excelente actriz, bailarina y –aunque como ya dije aquí haga gallos en algún momento— cantante se hizo famosa al sustituir a Shirley Temple en “El mago de Oz” (1939) de Victor Fleming. Luego, tras este film vino una época verdaderamente repelente en su historial cinematográfico y forma pareja con Mickey Rooney en una serie de filmes tontos y ñoños que solo la hacían lucir como cantante. Tras esa etapa vino su carrera más firme y seria. Años más tarde se casa con Vicente Minnelli. De esa unión una niña fea pero excelente actriz que hizo cosas estupendas: Liza Minnelli.

Gene Kelly llegó ya maduro y experimentado al cine, hizo grandes películas para Metro-Goldwyn-Mayer y en 1955, sabiendo que el estudio prefiere a Marlon Brando para protagonizar “Ellos y ellas” de J. L. Mankiewicz, se larga de allí para no volver. En 1981 ha hecho “Xanadú” junto a Olivia Newton-John. Patético verle a sus 70 queriendo volver sobre sus pasos.
Vicente Minnelli fué uno de los grandes cineastas del Viejo Hollywood. Minnelli era un tipo feo y con cara de ratón y parece mentira que acabase casándose con una belleza como lo fué Judy Garland. Su hija —Liza— acabó por parecerse a su padre. Minnelli fué, sin lugar a dudas un maestro y un nombre de luz propia en la historia del cinema. Hizo films de varias clases. Hizo comedia (“El noviazgo del padre de Eddie” o “Mi desconfiada esposa” (1962 y 1957 respectivamente) pero esta primera más rayando en el melodrama). Hizo comedia musical (“Un americano en París”, 1951) y otras cosas. El filme que más hace añorarlo fué “Un americano en París” interpretado por el excelente bailarín y actor Gene Kelly y la encantadora francesita Leslie Caron.

En este film hay ingredientes magníficos pero los resultados no son excelentes aunque falte poco para que así sea. La construcción de la cinta es perfecta con algún fallo pero el resultado es algo que se disipa como la niebla (¿vaporoso?). Como cita Ángel Fernández-Santos en el artículo “Piratada”, en esta película ha querido ver el mundo y el guionista una mezcla extraña de Errol Flynn y Gene Kelly; es decir, ser cínico y arrogante como Flynn y bailar y hacer mil movimientos y bailes como Kelly. Eso fué algo quijotesco que a veces no llega a cuajar (otras sí).

En líneas generales la película tiene muchos buenos alicientes, la dirección es ejemplar (hay algunas escenas estupendas), la coreografía genial (la escena onírica de Kelly atacando un pueblo es asombrosa, magnífica), las actuaciones son de primera, la música a veces con poco fuste pero así en una visión general aceptable y los decorados Metro-Goldwyn-Mayer que nunca fallan. Tal vez lo que no llegue a cuajar del todo sea el dúo Kelly-Garland que a veces resulta irritante en sus actuaciones. (1982)

martes, 27 de noviembre de 2007

THE KID FROM BROOKLYN (1945)

EL ASOMBRO DE BROOKLYN de Norman Z. McLeod. (“The Kid From Brooklyn”, 1945). Con Danny Kaye, Virginia Mayo, Vera Ellen, Eve Arden, Steve Cochran, Walter Abel. Metro-Goldwyn-Mayer, USA. (**, de 4)

Desde que existe el cine siempre ha habido actores cómicos. Cómicos que hacían olvidar a la gente sus problemas cotidianos. Destacaron en el cine mudo Charles Chaplin, Harold Lloyd, Harry Langdon, Max Linder, “Fatty” Arbuckle, Buster Keaton, Oliver Hardy, Stan Laurel... luego llegó el sonoro. Chaplin al principio se negó a hacer cine cómico sonoro; Harold Lloyd hizo habladas pero cada vez más deficientes hasta quedar olvidado pero forrado de dolares; Harry Langdon fué olvidado; Max Linder se suicidó; “Fatty” Arbuckle fué acusado de violación y asesinato y s carrera se hundió; Buster Keaton se fué a Metro-Goldwyn-Mayer y fué su ruina, murió en las nebulosas del olvido; Oliver Hardy y Stan Laurel hicieron sonoro pero al paso de los años ya no fueron nadie. En el cine sonoro no hay genios de esta rama como es la de hacer reír, tan sólo los hermanos Marx merecen ingresar en los legendarios del disparate, y Jerry Lewis. Los demás no son mediocres —está el excelente Jack Lemmon— pero su gracia se basa en los diálogos y no en el cine cómico-matemático del mudo. Jack Lemmon es un excelente actor tanto de comedia como de drama pero no podríamos dejarle a la altura de grande. Sus papeles no se ajustan a un determinado perfil, a una específica personalidad como hicieron los Marx, Chaplin, Lloyd, etc... etc... Jerry Lewis sí que no encuadra dentro de una personalidad previa y aunque sus comienzos en el cine fueron irregulares a partir de crear él sus propios guiones y dirigir sus propias películas se nos reveló algo más que el tonto de turno de Dean Martin, se nos descubrió una nueva lumbrera del cine bufo.
Virginia Mayo
Otro actor famoso del cómico del cine sonoro fué Danny Kaye. Pero surgido durante la 2ª Guerra Mundial pronto dejó de hacer filmes y no dejó tras sí una estela, una huella que lo hiciesen recordar con agrado. En efecto, Danny Kaye es un buen actor pero echa a perder lo que puede apostar a un film con su continuo gesticular y sus incansables movimientos que ponen nervioso al espectador.

En esta cinta Norman Z. McLeod no hace nada del otro jueves. Este film “The Kid from Brooklyn” es un insípido remake de una película de Harold Lloyd: “La Vía Láctea” (“The Milky Way”, 1936) de las últimas —y además sonoras— de esta magnífico actor de las gafitas de carey y su sombrero de paja. Tal vez lo mejor y más valioso del film resida en Virginia Mayo. (1982).

NEVER SO FEW (1959)

CUANDO HIERVE LA SANGRE de John Sturges. (“Never So Few” 1959). Con Frank Sinatra, Gina Lollobrigida, Peter Lawford, Steve McQueen, Paul Henreid, Richard Johnson, Charles Bronson, Dean Jones. Metro-Goldwyn-Mayer, USA. (**, de 4)

Este film es bastante irregular. Si hace tiempo John Sturges hizo algunas cintas bastante buenas pronto cayó en una etapa de mediocridad a la cual pertenece “Never So Few”.

Pero dirigida de un modo muy distinto bien podía haberse sacado como fruto algo más que una película mediocre. En efecto, Sturges parece no tener interés alguno con el film y tan sólo narrándolo con decencia podían haberse aprovechado los talentos, las virtudes que dentro del acartonamiento de las situaciones y de lo en cierto modo simple de la historia aún quedaban.
El plantel de actores era excelente. Estaba un jovencísimo Steve McQueen interpretando al impetuoso Ringa. Charles Bronson como siempre con el típico personaje de duro sin escrúpulos, sobrio por naturaleza que tan fenomenalmente suele protagonizar siempre. Estaban unos Dean Jones, Richard Johnson, Paul Henreid, Peter Lawford... y lo que es más importante: Frank Sinatra y Gina Lollobrigida. El legendario Frank Sinatra no canta en esta cinta con su poderosa y preciosa voz –“la Voz” lo llaman— pero sí que da la cara como chico bueno y algo sarcástico, generalmente ese es su papel en casi todos los filmes y por su parte no hay nada que decir pero el otro pilar de la película: Gina Lollobrigida sigue como siempre, con ese afán imperecedero de demostrar que no sólo es cara y cuerpo —que lo es y muy bien hecho— sino que, ante esas cosas, es una buena actriz. Pero eso es como pedirle peras al olmo, que dicen.


Gina
Gina Lollobrigida nunca poseyó talento de interpretación. Ella, como tantas otras actrices del cine eran tan sólo el rostro bonito —muy bonito— o el cuerpo fogoso y monumental —muy fogoso, muy monumental— que adornaba al héroe de turno y cuya presencia no molestaba en la pantalla. Pero estas actrices que sólo eran un rostro o un cuerpo no eran ni mucho menos, malas. No. Eran jóvenes que llevaban a cabo unas interpretaciones que no hacían delirar a un selecto cinéfilo de pro de Welles, Bergmans, Herzogs y demás genios del celuloide pero que una vez hechas quedaban como justas, precisas y ni mucho menos chirriantes. Eran actuaciones (cómo denominarlas) de a palo seco, sin adornos, por lo cual no pierden su belleza. Sin embargo, hay algo que distingue a Gina Lollobrigida de las demás. Dentro de ella había un mar encabritado, un fuego sofocante. En Gina Lollobrigida dentro de lo que son sus precisos y matemáticos gestos y movimientos hay algo. Ese algo es difícil de definir, tal vez sea ese aire, esa marca que los países y las mujeres latinas poseen. Un sello inconfundible. Una actriz latina normal y corriente posee más atractivo que la americana media que como actriz no deja una huella, una marca de que un día existió una tal como-se-llame, da igual no importa. Ese es el encanto de la actriz italiana y (ante todo) latina Gina Lollobrigida: ardor, pasión. Fuego en los labios, candor en apariencia, un sello, una marca, un algo. Algo que a simple vista puede pasar desapercibido dentro de sus gestos precisos y simplificados que no llegan a satisfacer. Pero ante todo es latina.(1982)

ELEPHANT SEND (1954)

LA SENDA DE LOS ELEFANTES (“Elephant Send”, 1954) de William Dieterle. Con Elizabeth Taylor, Dana Andrews, Peter Finch, Rosalyn Ivan. Universal, USA. ( * * * )

Dieterle fué un director alemán que emigró a Hollywood. Nacido en 1893 y muerto en 1972, William Dieterle tiene en su haber un buen número de buenas películas. Ésta, “Elephant Send” censurada en su tiempo por la censura española por la trama que contiene es una buena película tal vez demasiado pesada en la cual hay una extraña mezcla de amor, adulterio y misterio.
Elizabeth Taylor, despampanante y hermosa, dentro de su personaje logra una buena actuacion sin ser de sus mejores trabajos.

Sin embargo, dentro de lo que es una cinta de aventuras ésta es bastante estática, contiene poca narrativa ágil, Dieterle sólo consigue unas magníficas secuencias en el ataque de los elefantes a La Senda de los Elefantes, destruyéndolo todo a su paso. Lo demás es un buen film que se mueve entre unos paisajes y lugares construidos en estudio y la belleza del color. (1982)

LIVING IN A BIG WAY (1947)

Irenne Dunne y Gregory LaCava

VIVIR A LO GRANDE de Gregory LaCava (“Living In A Big Way” 1947). Escrita por Gregory LaCava y Irving Ratched. Fotografía de Harold G. Rosson. Con Gene Kelly, Marie McDonald, Charles Winniger, Phyllis Thatxter, Spring Byington, Jean Adair, Clinton Sundberg. Metro-Goldwin-Mayer, USA. (***, de 4).

Gene Kelly nació en Pennsylvania en 1912, estudió en la Universidad del Estado Penn State y trabajó en varias cosas hasta llegar a profesor de danza en una academia. A partir de ahí, la fama: Broadway –“Pal Joey”; “Déjamelo a mí”—. Tras Broadway llegó –con retraso, eso sí— al cine. En este medio fué donde se inmortalizó como el más grande bailarín-actor de todos los tiempos junto a Fred Astaire.

Kelly hizo varios films —antinazis tambien— y los más famosos y mejores fueron co-dirigidos por él. En nuestra memoria quedan títulos difíciles de olvidar como “Cantando bajo la lluvia”, “Un día en Nueva York” o “UN AMERICANO EN PARÍS”. Los tres son geniales y los dos primeros son de Stanley Donen y el último de Vicente Minnelli, co-dirigidos con Kelly que tambien se encargaba de la coreografía. La escena de Kelly bailando y cantando bajo la lluvia, Sinatra y Kelly danzando por Nueva York, poniendo en trance a toda una ciudad ¡toda una ciudad frenéticamente bailando, cantando...! Gene Kelly ha sido uno de los grandes del musical –tal vez el más grande— y junto a Donen o Minnelli llegaron, juntos, a realizar cintas inmortales, antológicas...

Este film de Gregory LaCava tiene su interés pero es un interés mínimo. Gregory LaCava que ha hecho grandes comedias no logra aquí más que hacer un trabajo indudablemente correcto y con muy buenos —excelentes— momentos. No obstante el resultado final se mantiene gracias a los números musicales, dirigidos por Stanley Donen y LaCava cuyo resultado es excepcional. Las escenas del baile en la terraza al principio de la 2ª Guerra Mundial en los primeros momentos de la cinta son magníficas, las escenas de danza y canción combinadas con onomatopeyas y ruidos raros todo mezclado con gestos extravagantes todo por parte de Kelly son excelentes y el baile de Gene Kelly por las alturas del edificio en construcción es algo soberbio. Tres escenas musicales hay en todo el filme pero las tres, una a una, son magníficas. (1982)

CAT PEOPLE (1942)

LA MUJER PANTERA de Jacques Tourneur. (Cat People, 1942). Con Simone Simon y Ken Smith. RKO Pictures, USA. (****, de 4)

Aunque en “Crónicas y actores del cine” viene una crítica a esta cinta es probable que de numerosas más haya nuevas críticas pues la crítica cinematográfica es el reflejo de lo que el crítico ve y siempre puede estar a tiempo de decir algo que en su día le pasó inadvertido. Jacques Tourneur nació en Francia pero emigró a Estados Unidos años después para hacer cine allí, donde por aquel entonces estaban los más prestigiosos directores del mundo. Ésta, “Cat People” es una de sus obras maestras. “La mujer pantera” está realizada en 1942 y es interpretada por la hermosísima Simone Simon y el apuesto Ken Smith. Hallar dónde reside la personal e intransferible magia de la película es fácil de hallar. Jacques Tourneur demuestra con esta cinta que tiene un talento arrollador, impresionante. Hay cuatro escenas que son sencillamente geniales. Hay en ellas un fabuloso ambiente y una espléndida interpretación por parte de Simone Simon –una buena actriz que apenas se conoce pero tan hermosa y misteriosa como Rita Hayworth o Hedy Lamarr e incluso más— el entorno que logra crear Tourneur es delicioso. Estas cuatro escenas son: el sueño; la persecución por la calle; la escena de la piscina; últimos veinte minutos. Están contadas de un modo asombroso, aunque en —por ejemplo— “La mujer pirata” (1951) ya notábamos el arrollador talento de artesano de Tourneur vemos con esta cinta que es más que eso, que todo artesano esconde algo más: un pequeño genio.
Porque si no, ¿qué pasa con Walsh? vemos en películas suyas como “La esclava libre” (1957) o “Los desnudos y los muertos” (1958) que es bastante bueno pero es con otras como “Pasión ciega” (1940) o “Alta tensión” (1941) cuando nos damos cuenta de que es un gran director –—fué—. Y así seguimos con Howard Hawks, Siodmak, Capra, etc... etc... etc... todo artesano es un pequeño genio, un gran director —hay excepciones, claro— pero no por ser artesano ya no tienen interés, al contrario, lo tienen y muy grande.
Hoy en día en el Nuevo Hollywood hay muchos lunáticos —en el mejor e inofensivo sentido de la palabra—, esos lunáticos (directores), faltos de ideas para sus películas deciden echar una mirada al atrás y contemplar los films que ya se han realizado y ver, de esos films, cuáles pueden volver a hacer. En algunos casos eso está bien pero en otros es terrible. Hoy se nos amenaza con “Psicosis II” y con “La mujer pantera” de Paul Schrader –versión “remake” de este excelente film— con Natassia Kinski de Simone Simon ¡bueno, ya veremos...! si le hace ilusión a don Schrader... (1982)

domingo, 25 de noviembre de 2007

ONE, TWO, THREE... (1961)

Billy Wilder cuenta en su filmografía con numerosas obras maestras que han sabido crear un entorno, forjar el ambiente que luego harán desencadenar las jocosas situaciones de sus films, esa es una de las clases de su trabajo como director. Wilder que comenzó como guionista y emigra a USA con la esperanza de poder hacer allí lo que quiere: buen cine que no esté censurado por quien en aquel entonces mandaba en su tierra natal, Alemania: Adolf Hitler. Escribió varios guiones cinematográficos como el de, por ejemplo, “Bola de fuego” (“Ball Of Fire”, 1941) de Howard Hawks. Y después pasó a escribir y dirigir sus propias películas para pasar de esta etapa a otra junto a I. A. L. Diamond, coguionista de esta cinta.
Aunque “Uno, dos, tres” no es de sus mejores películas (refiriéndome a las obras maestras que él realizó) sí que pese a ello es un gran film. “Uno, dos, tres” es poseedora de una capacidad satírica verdaderamente grande y además satírica en varios aspectos. No sé qué es lo que critica el filme, o la manera de vivir americana en boca de Otto, el comunista, o la manera de vivir soviética en boca del personaje que interpreta James Cagney –por cierto, hay que aclararlo, espléndidamente—. Seguramente el modo de vivir soviético pues el final es acorde totalmente a la ideología de su país de origen: Estados Unidos. Billy Wilder en esta cinta nos ofrece un producto espléndidamente cocinado y condimentado con los más finos ingredientes. El que pretenda pasar el rato se divertirá y el que espere ver un genial ejemplo del talento de su realizador también lo verá. Hay numerosos momentos magníficos. La persecución es toda una prueba de movimiento de cámara y planos fijos, de movilidad, de acción, de hilaridad y de un excelente montaje. A finales de la película vamos asistiendo a una metamorfosis, si bien empieza la cinta de un modo reposado, continúa endiablándose como puede hasta ir a parar a la última media hora en la cual la situación va tomando un ritmo endemoniadamente acelerado, locuaz, dispar. Los resultados son fruto de la madurez de la valía de Wilder, un viejo berlinés con natalidad y orgullo yanqui que supo dotar al celuloide que pasa por una cámara de un ritmo excepcional, que supo crear una sucesión de planos estupendos ensamblados con encomiable precisión.
Ante todo, Wilder es uno de los grandes de la comedia del cine, un genio en cierto modo semioculto por los que no tienen sensibilidad para notarlo y “Uno, dos, tres” es, en medio de 4 obras geniales la menor pero no por ello despreciable, no señor, al contrario, “Uno, dos, tres...” es un ejemplo notable de que si bien no está a la altura de algunas otras posee un ritmo alucinante y una finura esquizofrénica bañada por el afán lucrativo y de capitalismo del norteamericano. Tal vez, bajo este aspecto de comedia desenfadada sobre un tipo que un día pretendió pasar la “Coca-cola” a la Unión Soviética y que más tarde se ve envuelto en un sabroso lío por culpa de la hija de su jefe hay una crítica, una fina sátira a varias caras de la sociedad: el fanatismo, el afán de poder, el capitalismo... y es que, como numerosas veces he dicho –algo que ya parece haberse convertido en mi lema— que bajo las apariencias más simples siempre hay un ácido corrosivo y satírico, sediento de burla que no es tan difícil descubrir pero que hay que buscar. (1982)

THE TIME MACHINE (1960)

EL TIEMPO EN SUS MANOS de George Pal (“The Time Machine”, 1960). Escrita por David Duncan. Fotografía de Paul C. Vogel. Con Rod Taylor, Iviette Mimieux, Alan Young, Sebastian Cabot, Tom Helmore, Whit Bissell, Doris Lloyd,. Metro-Goldwyn-Mayer. 103 minutos. (***, de 4) USA.

George Pal es un húngaro que durante los primeros días después de la Primera Guerra mundial emigra a Estados Unidos con mejores medios para hacer cine.

Hábil truquista e inventor de efectos especiales, sin los que él inventó no se podían haber sospechado ni imaginado ni en sueños cintas como la genial “2001” de Stanley Kubrick (1968), “La guerra de las galaxias” de G. Lucas y dinastía. Por eso George Pal pasará a la Historia del cinema gracias a su habilidad y talento como truquista. Pero no como director.

Basada en la obra homónima de H. G. Wells “The Time Machine”, en esta cinta Pal nos narra cómo un inglés lleva a buen fin un artefacto capaz de transportar en el tiempo a cualquier persona, animal o cosa. En conjunto la cosa funciona pero la película tira a floja y queda un poco coja. George Pal es un director muy irregular, en este filme desarrolla con convicción todos los elementos y narrativa de la película hasta llegar al año 802701, una vez allí hay de todo: planos buenos, planos malos, planos regulares, planos geniales, escenas buenas, escenas malas, escenas regulares, escenas geniales... una mezcolanza que nunca llega a decepcionar del todo pero que sí decae algo. Hay secuencias divinas (la llegada al lugar de reunion de los Alai por parte de George –Rod Taylor—) y otras que de haber resultado hubiesen elevado los resultados a cotas inimaginables (la lucha de George con los Morlock en la caverna).

Cuando uno acaba de ver el film advierte varias cosas en los resultados: divertirse se ha divertido porque Hollywood antes era la más grande en entretener porque no ahora que todos los filmes con pretensiones que generalmente se quedan en agua de borrajas.

La condición indispensable “sine qua non” que dirían los romanos para que un filme sea decente es que el guión sea aceptable, si el guión no es aceptable la película ya no será genial en un número de probabilidades de 98 a 100. El director tambien ha de ser aceptable, sino el filme nunca será bueno. Este caso es el que existe en esta cinta. El director, George Pal, no lo hace del todo como debiera –tiene cosas muy buenas, ya lo he dicho—, es una pena en cierto modo. Pero la película, “The Time Machine” en un repaso general a todos los factores resulta una película buena. Los efectos especiales modestos pero convincentes junto al guión y al realizador forman esas tres estrellas. Pero una casi, casi colgando. (1982)

lunes, 12 de noviembre de 2007

THE CROSS OF LORRAINE (1943)

LA CRUZ DE LORENA de Tay Garnett. (“The Cross of Lorraine”, 1943.) Escrita por Michael Kanin, Rig Lardner Jr., Alexandre Esway y Robert D. Andrews. Fotografía de Sidney Wagner. Con Gene Kelly, Jean Pierre Aumott, Cedric Hardwick, Richard Whorf, Joseph Calleia, Peter Lorre, Hume Cronyn. 90 minutos. Metro-Goldwyn-Mayer, USA. (***, de 4)

Corren los tiempos de la 2a Guerra Mundial. Día a día en los periódicos de todo el mundo siguen los conflictos USA-ALEMANIA, Hitler está al acecho, siempre preparado para intentar hundir a los Estados Unidos y (permítaseme el chiste) a falta de “JR” ahí estaba él. Y como es normal pronto se convirtió en el más odiado en el país de la libertad (o por lo menos así le dicen) y ésto tambien se debe en parte al cine.

Durante esta época, en Hollywood numerosos directores como Raoul Walsh u otros dirigen films propagandísticos anti-nazis interpretados por los más famosos actores del momento y hasta Gene Kelly llegó en una pantalla matando nazis. El título de la película: “La cruz de Lorena” de Tay Garnett. La cinta es una pieza usual de aquellos momentos pero, en cierto modo, también inusual. Tay Garnett es, por lo que aquí puede verse, uno de esos genios escondidos de las películas de clase B —films de escaso presupuesto— dotado de un magistral sentido de la narrativa tan bueno como los de Hawks o Walsh.

Garnett supo dotar a la cinta de una excelente ambientación, de un excelente “campo atmosférico” o “clímax” que entre otros tiene como precedentes el genial film del ya mencionado Howard Hawks: “Sólo los ángeles tienen alas”. Los personajes se ven sumidos en una sensación de agobio, de angustia que Garnett domina de un modo sensacional.

Sin embargo el gran fallo de la película es el guión: un guión injusto. Un guión que no sabemos con qué criterio juzgar. Por un lado se ve envuelto en el convencionalismo político de aquellos años (los nazis son malos-malos y además con ganas) pero en el otro aspecto se nos enseña a unos personajes con sentimientos y que saben lo que quieren y lo que no. Vemos entre el típico traidor al valeroso Víctor (Gene Kelly) y que luego por culpa de las torturas alemanas se siente víctima del miedo, un adolescente (casi un niño) con gafas y cara de empollón matando cerdos de uniforme de la SS por venganza, un español duro y sin sentimientos como una piedra...

Podríamos decir sin temor a equivocarnos que “La cruz de Lorena” pretende hacer un guión más adulto en la parte permitida mientras que en la otra sigue el mismo cauce que las demás. No obstante de todos los films anti-nazis que en esos años de la historia del cine americano se realizaron éste es de los menos convencionales y simples (hay unas escenas verdaderamente crudas y salvajes al final de la película: la lucha del pueblo contra los alemanes) pero a pesar de eso aún contiene un marcado acento maniqueísta y ésto es lo que la deja sin el distintivo de “obra maestra” para quedar en una cinta casi excelente y en cierto modo excelente. (1982)

BUCHANAN RIDES ALONE (1958)

BUCHANAN CABALGA DE NUEVO, de Budd Boetticher. (“Buchanan Rides Alone”, 1958). Escrita por Charles Lang. Fotografía de Lucien Ballard. Con Randolph Scott, Craig Stevens, Barry Kelley, Tol Avery, Peter Whitney, Manuel Rojas, Robert Anderson, LQ Jones, Joe de Santis. Columbia, 78 minutos. USA. (***, de 4)

Como ya hemos dicho repetidas veces, en la década de los 50 Budd Boetticher dirige junto en el plantel de actores Randolph Scott 7 westerns varios de los cuales hoy son inmortales. Pero de los guionistas que tuvo esta serie de films el menos destacado fué Charles Lang que, aunque sus historias no estaban mal escritas, eran bastante más convencionales que las de el ya legendario Burt Kennedy.
Ésta, “Buchanan Rides Alone” (cuyo título original traducido debería de ser “Buchanan cabalga en solitario” pero que no es porque otra secuela en castellano de una cinta Scott-Boetticher es “Cabalgando en solitario”) está escrita por Lang y aunque lo es muy poco sigue siendo un poquillo –tal vez una décima— convencional. Los escenarios varían, ya no son exteriores y polvo, sino un poblado regido por una pequeña mafia familiar. Está narrado con la particular eficacia de Budd Boetticher, interpretado estupendamente por Randolph Scott y los resultados son bastante aceptables. Pero no es lo mismo que un Boetticher-Scott-Kennedy. (1982)

THE BIBLE IN THE BEGINNING (1966)

LA BIBLIA de John Huston. (“The Bible In The Begining”, 1966). Escrita por Christoper Fry. Con Michael Parks, Ulla Borgryd, Richard Harris, John Huston, Stephen Boyd, George C. Scott, Ava Gardner, Peter O’Toole, Zoe Sallis, Gabriele Ferzetti, Eleonora Rossi Drago. 20th Century Fox. USA. (**, de 4). 175 minutos.

En la filmografía del genial John Houston podemos encontrar como director obras maestras como “El halcón maltés” (“The Maltese Falcon”, 1941), “La jungla de asfalto” (“The Asphalt Jungle”, 1950), “Vidas rebeldes” (“The Misfists”, 1961) o “El tesoro de Sierra Madre” (“The Treasure Of The Sierra Madre”, 1947) entre muchas otras. Pero también encontramos otros títulos tan mediocres y endebles que no merecen la pena. Afortunadamente, de esa triste etapa sólo hay unas pocas y entre ellas se encuentra este film: “La Biblia”. Por más que lo pienso y lo vuelvo a pensar no acabo por dar a la solución de mis desvelos: ¿cómo diablo pudieron convencer a Huston de que llevase a puerto este film? Porque es evidente que Huston dirige este (cómo podría llamarlo) panfleto a colorines con una desgana evidente. Y si no, sólo hay que ver la primera parte del film, la de Adán y Eva, que resulta de lo más risible y absurdo que se ha hecho, todo ello sazonado por la inexpresividad y el acartonamiento de sus protagonistas: Michael Parks y Ulla Bergryd.
Sin embargo, si hiciésemos un análisis de la película, veríamos que entre escenas geniales y planos exquisitos que generalmente están sueltos, y entre movimientos de cámara desganados y monótonos, hay otras que destacan por lo simple de sus razonamientos (es inconcebible que una película como lo es ésta se haga en 1966) y lo infantil de sus ideas. No obstante John Huston nos ofrece un conjunto de planos y técnica cinematográfica de una clase exquisita en la etapa correspondiente a Noé, en la cual él también hace del viejo y curioso Noé. Y es que parece (no es una afirmación, sino una conjetura, una divagación) que entre tanto momento soso, aburrido y falto de atractivo quiere crear un perfecto ensamblaje de imágenes que sin lugar a dudas dan lugar a los mejores y más bellos momentos de la cinta tan sólo porque él asume el papel principal, global.
El resto de esta descomunal y hueca superproducción (como suelen ser todas) es pura paja, artificio, hastío, el espectador acaba ocioso perdido y mandando al infierno lo que siga, le es ya todo indiferente. Solamente la escena de Abraham y su hijo en las ruinas de Sodoma tiene algún valor aparte del apartado del arca pues está narrada de un modo excelente y dotada del dinamismo y la esquizofrenia propia del lugar en el cual se hallan.

Tras este rotundo fracaso, Dino de Laurentis, que pensaba hacer una larga serie de producciones bíblicas no se animó a hacer más, gracias al cielo. (1982)

THE COURTSHIP OF EDDIE´S FATHER (1962)

EL NOVIAZGO DEL PADRE DE EDDIE, de Vincente Minnelli (“The Courtship of Eddie’s Father”, 1962). Escrita por John Gay. Fotografía de Milton Krasner. Con Glenn Ford, Shirley Jones, Stella Stevens, Dina Merrill, Romy Howard, Roberta Sherwood, Jerry Van Dyke. Metro-Goldwyn-Mayer. 119 minutos. USA. (***, de 4).

Vincente Minnelli es uno de los directores norteamericanos, después de Orson Welles, que encierran dentro de sí mismos un afán por renovar el cine yanqui. Director de grandes y geniales musicales como “Un americano en París” (1951) con Gene Kelly y Leslie Caron o comedias excelentes llenas de un terrible sarcasmo, en las cuales Minnelli desarrolla y despliega su dominio del arte cinematográfica como pocos lo han hecho (“Mi desconfiada esposa”, por ejemplo (1957), con Gregory Peck y Lauren Bacall.
De su última etapa cinematográfica, en la cual realiza melodramas y comedias varias, éste es uno de esos títulos y para ser más exactos el último que realiza para la Metro-Goldwyn-Mayer al acabar su contrato de 20 años con ésta. “El noviazgo del padre de Eddie” es una buena comedia (casi más drama que comedia) pero que no está a la altura de sus mejores obras. El guión de John Gay es notable pero en ciertos momentos llega a hastiar y a caer en una serie de escenas sin mucha originalidad y repetida de otras cintas. Minnelli cumple a la perfección su trabajo narrando una historia con una precision brillante y siempre ayudado por la magnífica interpretación de Glenn Ford. Sin embargo este gran éxito comercial del cual saldría luego una horrenda serie de television no está al nivel de otros trabajos suyos.

DECISION AT SUNDOWN (1957)

CITA EN SUNDOWN de Bud Boetticher. (“Decision At Sundown”, 1957). Escrita por Charles Lang. Fotografía de Buruett Guffey (color) Con Randolph Scott, John Carroll, Karen Steele, Valerie French, Noah Beery Jr., John Archer, Andrew Dugan, John Litel, Ray Teal. USA. Columbia. 77 minutos. (***, de 4)

Bud Boetticher dirigió en la década de los cincuenta 7 westerns, varios de los cuales hoy son ya inmortales. De esos 7, cuatro fueron escritos por el excelente guionista Burt Kennedy que cuando pasó a director de cine no hizo nada que pasara de lo mediocre. Y cuando los guiones no eran de éste fueron de Charles lang que dió a sus films un toque bastante más convencional.

Esta cinta está escrita por Charles Lang, dirigida por B. Boetticher y producida e interpretada por el excelente Randolph Scott. Los resultados no tienen punto de comparación con los conseguidos por Kennedy y el film se queda en un western bien dirigido, bien interpretado y de contenido bastante convencional. Lang parte de un argumento excelente que en bastantes escenas nos hacen recordar el excelente “Solo ante el peligro” de Fred Zimmeman pero que está desarrollado de un modo adecuado para gustar a la familia y hacer las delicias de los más pequeños: éste no es un western adulto, es, sí, un western narrado por la encomiable convicción de un maestro del estilo como fué Boetticher, pero de escaso fuste. Tan sólo al final el guión denota un momento genial: el perdón de la vida a Tate y la reacción ante esto del personaje interpretado por Scott. Una pena. Pudo haber sido una obra maestra pero tuvo que quedar en un western de interés pero en resumidas cuentas un Boetticher adulterado. )

THE TALL T (1957)

LOS CAUTIVOS, de Budd Boetticher. (The Tall T, 1957). Con Randolph Scott y Maureen O’Sullivan. Escrita por Burt Kennedy. Columbia. USA. (****, de 4). 77 minutos.

Es, francamente, muy difícil encontrar en el Viejo Hollywood un film del oeste que si bien no sea demitificador sea necesario. Tan sólo ya acabando los años 50 hay verdaderas obras de talento en este género cinematográfico tan marginado y subvalorado como el Western es. No obstante hay ejemplos rutilantes del western serio (“El hombre de Laramie, 1955, Anthony Mann) o “Cabalgar en solitario” (Budd Boetticher) pero indudable los hay y no vale la pena ocultarlos. Bud Boetticher es junto a John Ford, Raoul Walsh y Anthonny Mann uno de los grandes, de los colosos de ese olvidado, incomprendido y hermoso género que es el de narrar el polvo de las llanuras, el de ver el viento entre las rocas, el de oír el aullido del coyote. No hay una clase de cine más patética y al mismo tiempo hermosa, sólo ésta y el cine negro.

“Los cautivos” está escrita por Burt Kennedy, está producida e interpretada por Randolph Scott y está dirigida por Bud Botticher, forma parte de la corta saga de 7 cintas que a finales de la década de los 50 Boetticher en colaboración con Scott como actor realiza, generalmente con guiones de Kennedy. Esta unión: Boetticher-Scott-Kennedy ya legendaria al igual que la de Mann-Stewart-Yordan dió frutos bastante interesantes y sobre todo, serios. Raoul Walsh no tuvo colaboración fija con apenas ningún guionista y el actor con el que más trabajó fué, en este género, con Errol Flynn, que si bien confería a las cintas del viejo gran maestro tuerto un aire y un ambiente de cinismo y sarcasmo lo cierto es que con él no pudiese hacer una cinta del todo dura, entre otras cosas porque allí, en el Viejo Hollywood, cada actor tenía en la pantalla y en la mente del público una personalidad, Humphrey Bogart era el “duro”, Rock Hudson el guaperas justiciero etc. con lo cual Flynn tenía que hacer un papel muy a su medida pero perjudicial para la sobriedad que el oeste requiere.
Bud Boetticher, a sus películas sabía plasmarles un sello, una marca muy especial, y Randolph Scott unas representaciones de sus papeles enteramente geniales como generalmente era el conjunto en los films de Bud Boetticher. La seriedad, la rigidez y la sequedad de los planos de Boetticher son, seguramente, los únicos, o unos de los únicos que mostraban la historia del western tal y como tuvo que ser. Randolph Scott lleva a cabo su personaje de un modo redondo, Scott puede ser llamado sin temor a represalias el Bogart de las llanuras, el “duro” y romántico aventurero, comedor de polvo, que ha visto tantas y tantas crueldades e ignominias que no puede dejar de exclamar que su mundo tal vez no sea un buen mundo pero es el único que tiene y es en el que tiene que vivir, por eso procura defenderse y defender con ello su pellejo porque al igual que mundo no tiene más que uno.
Sin embargo pese a la rigidez y a la sequedad, los personajes encarnados por Scott no son héroes, ni tan siquiera hombres armados tan de valor y coraje, tan valientes y capaces de todo que más que hombres parecen computadoras y marionetas rígidas sin sentimiento ni temores y que no le dan a este viejo género lo que se merece, esos duros del western que nos han regalado, estereotipados y falsos como una careta son en cierto modo atractivos pero unos farsantes. Era el tiempo de donar a los personajes del celuloide de dotes que el humano no posee y por lo tanto elevarlos a lo divino y lo mitológico, los personajes de Scott no son así, nos sorprendemos al oír en el film éste cuando le preguntan si tiene miedo que sí. Y nos sorprendemos por lo inusual de estas confesiones. Cosas como éstas son las que hacen de Bud Boetticher y de sus películas verdaderas obras maestras y perennes ejemplos del arte cinematográfico. Boetticher en estos 7 films (y nos referimos cuando hablamos de él y de Scott a ellos sólamente) logra darnos un nuevo prototipo de cowboy o de pistolero que va por ahí matando gente, Boetticher sabe conjugar en 7 ejemplos capitales a dos genios como los son Scott y Kennedy sin contarse él dando como frutos productos que escapan al maniqueísmo general de este tipo de cintas que, frenadas por la censura, no pudieron decir todo lo que pretendían. Boetticher no tiene un cine de buenos y malos sino de gente que juega a un peligroso juego: El juego de estar vivo y de seguir estándolo. Es imposible olvidar el gesto de Randolph Scott cuando pregunta donde está su amigo y le contestan que en el pozo, muerto: “¿Y el niño”. “También”. –le vuelven a contestar— y entonces en su rostro aparece una mueca que ni más ni menos quiso decir: Qué horrible es esta tierra y los que matan, pero incluso yo tengo que matar porque quiero seguir viviendo. Soy como ellos, soy como todos”. Ahí radica el secreto del buen western, hasta el “bueno” es en el fondo un asesino que no puede hacer otra cosa.