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sábado, 19 de enero de 2008

CEILING ZERO (1935)

ÁGUILAS HERÓICAS de Howard Hawks (“Ceiling Zero”, 1935). Escrita por Frank –“Spig”— Wead. Fotografía de Arthur Edeson. Con James Cagney, Pat O’Brien, June Travis, Stuart Erwin, Isabel Jewell, Henry Wadsworth, Craig Reinolds, Barton McLane. Warner Bros, USA. (****, de 4)

Howard Hawks fué de siempre un gran aficionado a volar. A causa de esta gran afición (antes de director fué piloto) realizó unas cuantas cintas cuyo fondo era el de la aviación. Esta película, “Ceiling Zero” fué, como otras que hizo, anterior a su obra maestra en este terreno, “Sólo los ángeles tiene alas” (1939) que es, a todas luces un filme genial y absolutamente espléndido. Pero antes de ella, pese a hacer cosas espléndidas con un fondo de aviación no eran más que unas predicciones de lo que vendría más tarde.

“Ceiling Zero” comparada con “Sólo los ángeles tienen alas” se queda pobre pero no podemos comparar una película muy convincente con otra excelente, redonda y magistral sin que esta primera se quede corta. “Ceiling Zero” tiene muchísimas cosas buenas, Hawks, con su estilo serio y preciso, ese arte de ir al grano, nos envuelve mágicamente. Mágicamente porque Hawks es un verdadero maestro del cine. Sus películas tienen un poderoso gancho, una tremenda fuerza dentro de su aparente superficialidad. Aunque en “Sólo los ángeles tienen alas” esta rara perfección es mucho mayor, en “Ceiling Zero” tampoco puede ocultarse o hacerse el sueco ante ella porque es tan palpable y real en toda su filmografía que siempre se acaba dando perfecta cuenta de ella. Y es que Hawks, más que un artesano fué un maestro y un gran cineasta. Y no exagero. Indudablemente “Ceiling Zero” no es de sus obras maestras pero sí que tiene en cambio la ambientación de los mejores negros de Raoul Walsh, es redonda. Hawks es, por fin, considerado hoy en día como el maestro que es y es que ya parecía un montaje el que no se hiciese. (1982)

sábado, 13 de octubre de 2007

BALL OF FIRE (1941)

BOLA DE FUEGO, de Howard Hawks. (“Ball Of Fire.” 1941). Con Gary Cooper y Barbara Stanwyck. Escrita por Billy Wilder. USA. (****, de 4). Warner Bros.

Howard Hawks dirigió en 1941 dos cintas en las cuales el papel estelar lo tenía Gary Cooper: “Sargento York” y “Bola de fuego”. A la primera, “Sargento York” le dieron el “oscar” por el trabajo de Cooper y a la segunda ninguno, aunque, tal vez, sea mejor ésta última. “Bola de fuego” posee todos los atractivos suficientes para hacer reír y toda la belleza cinematográfica para hacer palidecer de envidia. “Bola de fuego” es, en resumidas cuentas, una obra maestra. El papel de Cooper está interpretado por éste de manera genial pero el personaje es meramente artificial. En efecto, un intelectual no puede dejarse embaucar tantas veces como lo hacen sin que éste se de cuenta. El sr. Wilder quería, al parecer, mostrarnos la otra cara de la moneda del intelectual, es decir, sabe mucho de libros pero es un perfecto imberbe, lo cual es falso. Fuera esto, el film no deja de ser una obra maestra de la gracia y la finura en una comedia.

SÓLO LOS ÁNGELES TIENEN ALAS (1939)

SÓLO LOS ÁNGELES TIENEN ALAS, de Howard Hawks. (“Only Angels Have Wings”. 1939). Con Cary Grant, Jean Arthur y Rita Hayworth. USA. (****, de 4)

Howard Hawks (1890–1979) es hoy en día considerado como uno de los más grandes clásicos del cine USA. La cinta que nos ocupa en estas páginas es un ejemplo excelente –uno más, desde luego— de lo que podríamos llamar cine de aventuras, pero que está contado con tal habilidad que pasa de ser típico cine de aventuras mal contadas y con realizadores de poca monta a estar dirigidas por grandes genios del celuloide. Hawks se desenvuelve con admirable maestría en un ambiente de hecho ya problemático, y sobre todo duro, en el cual ha de verse la trama más forzada y más torcida hasta que poco a poco los personajes vayan dejando su maniqueísmo y su artificialidad hasta desarrollarse con absoluta libertad como caracteres espléndidamente definidos. Howard Hawks logró aquí, entre otros grandes aciertos, lograr una perfecta sintonización ambiental, haciéndonos partícipes de la acción desde nuestras moradas.

1982