lunes, 12 de noviembre de 2007

THE CROSS OF LORRAINE (1943)

LA CRUZ DE LORENA de Tay Garnett. (“The Cross of Lorraine”, 1943.) Escrita por Michael Kanin, Rig Lardner Jr., Alexandre Esway y Robert D. Andrews. Fotografía de Sidney Wagner. Con Gene Kelly, Jean Pierre Aumott, Cedric Hardwick, Richard Whorf, Joseph Calleia, Peter Lorre, Hume Cronyn. 90 minutos. Metro-Goldwyn-Mayer, USA. (***, de 4)

Corren los tiempos de la 2a Guerra Mundial. Día a día en los periódicos de todo el mundo siguen los conflictos USA-ALEMANIA, Hitler está al acecho, siempre preparado para intentar hundir a los Estados Unidos y (permítaseme el chiste) a falta de “JR” ahí estaba él. Y como es normal pronto se convirtió en el más odiado en el país de la libertad (o por lo menos así le dicen) y ésto tambien se debe en parte al cine.

Durante esta época, en Hollywood numerosos directores como Raoul Walsh u otros dirigen films propagandísticos anti-nazis interpretados por los más famosos actores del momento y hasta Gene Kelly llegó en una pantalla matando nazis. El título de la película: “La cruz de Lorena” de Tay Garnett. La cinta es una pieza usual de aquellos momentos pero, en cierto modo, también inusual. Tay Garnett es, por lo que aquí puede verse, uno de esos genios escondidos de las películas de clase B —films de escaso presupuesto— dotado de un magistral sentido de la narrativa tan bueno como los de Hawks o Walsh.

Garnett supo dotar a la cinta de una excelente ambientación, de un excelente “campo atmosférico” o “clímax” que entre otros tiene como precedentes el genial film del ya mencionado Howard Hawks: “Sólo los ángeles tienen alas”. Los personajes se ven sumidos en una sensación de agobio, de angustia que Garnett domina de un modo sensacional.

Sin embargo el gran fallo de la película es el guión: un guión injusto. Un guión que no sabemos con qué criterio juzgar. Por un lado se ve envuelto en el convencionalismo político de aquellos años (los nazis son malos-malos y además con ganas) pero en el otro aspecto se nos enseña a unos personajes con sentimientos y que saben lo que quieren y lo que no. Vemos entre el típico traidor al valeroso Víctor (Gene Kelly) y que luego por culpa de las torturas alemanas se siente víctima del miedo, un adolescente (casi un niño) con gafas y cara de empollón matando cerdos de uniforme de la SS por venganza, un español duro y sin sentimientos como una piedra...

Podríamos decir sin temor a equivocarnos que “La cruz de Lorena” pretende hacer un guión más adulto en la parte permitida mientras que en la otra sigue el mismo cauce que las demás. No obstante de todos los films anti-nazis que en esos años de la historia del cine americano se realizaron éste es de los menos convencionales y simples (hay unas escenas verdaderamente crudas y salvajes al final de la película: la lucha del pueblo contra los alemanes) pero a pesar de eso aún contiene un marcado acento maniqueísta y ésto es lo que la deja sin el distintivo de “obra maestra” para quedar en una cinta casi excelente y en cierto modo excelente. (1982)

BUCHANAN RIDES ALONE (1958)

BUCHANAN CABALGA DE NUEVO, de Budd Boetticher. (“Buchanan Rides Alone”, 1958). Escrita por Charles Lang. Fotografía de Lucien Ballard. Con Randolph Scott, Craig Stevens, Barry Kelley, Tol Avery, Peter Whitney, Manuel Rojas, Robert Anderson, LQ Jones, Joe de Santis. Columbia, 78 minutos. USA. (***, de 4)

Como ya hemos dicho repetidas veces, en la década de los 50 Budd Boetticher dirige junto en el plantel de actores Randolph Scott 7 westerns varios de los cuales hoy son inmortales. Pero de los guionistas que tuvo esta serie de films el menos destacado fué Charles Lang que, aunque sus historias no estaban mal escritas, eran bastante más convencionales que las de el ya legendario Burt Kennedy.
Ésta, “Buchanan Rides Alone” (cuyo título original traducido debería de ser “Buchanan cabalga en solitario” pero que no es porque otra secuela en castellano de una cinta Scott-Boetticher es “Cabalgando en solitario”) está escrita por Lang y aunque lo es muy poco sigue siendo un poquillo –tal vez una décima— convencional. Los escenarios varían, ya no son exteriores y polvo, sino un poblado regido por una pequeña mafia familiar. Está narrado con la particular eficacia de Budd Boetticher, interpretado estupendamente por Randolph Scott y los resultados son bastante aceptables. Pero no es lo mismo que un Boetticher-Scott-Kennedy. (1982)

THE BIBLE IN THE BEGINNING (1966)

LA BIBLIA de John Huston. (“The Bible In The Begining”, 1966). Escrita por Christoper Fry. Con Michael Parks, Ulla Borgryd, Richard Harris, John Huston, Stephen Boyd, George C. Scott, Ava Gardner, Peter O’Toole, Zoe Sallis, Gabriele Ferzetti, Eleonora Rossi Drago. 20th Century Fox. USA. (**, de 4). 175 minutos.

En la filmografía del genial John Houston podemos encontrar como director obras maestras como “El halcón maltés” (“The Maltese Falcon”, 1941), “La jungla de asfalto” (“The Asphalt Jungle”, 1950), “Vidas rebeldes” (“The Misfists”, 1961) o “El tesoro de Sierra Madre” (“The Treasure Of The Sierra Madre”, 1947) entre muchas otras. Pero también encontramos otros títulos tan mediocres y endebles que no merecen la pena. Afortunadamente, de esa triste etapa sólo hay unas pocas y entre ellas se encuentra este film: “La Biblia”. Por más que lo pienso y lo vuelvo a pensar no acabo por dar a la solución de mis desvelos: ¿cómo diablo pudieron convencer a Huston de que llevase a puerto este film? Porque es evidente que Huston dirige este (cómo podría llamarlo) panfleto a colorines con una desgana evidente. Y si no, sólo hay que ver la primera parte del film, la de Adán y Eva, que resulta de lo más risible y absurdo que se ha hecho, todo ello sazonado por la inexpresividad y el acartonamiento de sus protagonistas: Michael Parks y Ulla Bergryd.
Sin embargo, si hiciésemos un análisis de la película, veríamos que entre escenas geniales y planos exquisitos que generalmente están sueltos, y entre movimientos de cámara desganados y monótonos, hay otras que destacan por lo simple de sus razonamientos (es inconcebible que una película como lo es ésta se haga en 1966) y lo infantil de sus ideas. No obstante John Huston nos ofrece un conjunto de planos y técnica cinematográfica de una clase exquisita en la etapa correspondiente a Noé, en la cual él también hace del viejo y curioso Noé. Y es que parece (no es una afirmación, sino una conjetura, una divagación) que entre tanto momento soso, aburrido y falto de atractivo quiere crear un perfecto ensamblaje de imágenes que sin lugar a dudas dan lugar a los mejores y más bellos momentos de la cinta tan sólo porque él asume el papel principal, global.
El resto de esta descomunal y hueca superproducción (como suelen ser todas) es pura paja, artificio, hastío, el espectador acaba ocioso perdido y mandando al infierno lo que siga, le es ya todo indiferente. Solamente la escena de Abraham y su hijo en las ruinas de Sodoma tiene algún valor aparte del apartado del arca pues está narrada de un modo excelente y dotada del dinamismo y la esquizofrenia propia del lugar en el cual se hallan.

Tras este rotundo fracaso, Dino de Laurentis, que pensaba hacer una larga serie de producciones bíblicas no se animó a hacer más, gracias al cielo. (1982)

THE COURTSHIP OF EDDIE´S FATHER (1962)

EL NOVIAZGO DEL PADRE DE EDDIE, de Vincente Minnelli (“The Courtship of Eddie’s Father”, 1962). Escrita por John Gay. Fotografía de Milton Krasner. Con Glenn Ford, Shirley Jones, Stella Stevens, Dina Merrill, Romy Howard, Roberta Sherwood, Jerry Van Dyke. Metro-Goldwyn-Mayer. 119 minutos. USA. (***, de 4).

Vincente Minnelli es uno de los directores norteamericanos, después de Orson Welles, que encierran dentro de sí mismos un afán por renovar el cine yanqui. Director de grandes y geniales musicales como “Un americano en París” (1951) con Gene Kelly y Leslie Caron o comedias excelentes llenas de un terrible sarcasmo, en las cuales Minnelli desarrolla y despliega su dominio del arte cinematográfica como pocos lo han hecho (“Mi desconfiada esposa”, por ejemplo (1957), con Gregory Peck y Lauren Bacall.
De su última etapa cinematográfica, en la cual realiza melodramas y comedias varias, éste es uno de esos títulos y para ser más exactos el último que realiza para la Metro-Goldwyn-Mayer al acabar su contrato de 20 años con ésta. “El noviazgo del padre de Eddie” es una buena comedia (casi más drama que comedia) pero que no está a la altura de sus mejores obras. El guión de John Gay es notable pero en ciertos momentos llega a hastiar y a caer en una serie de escenas sin mucha originalidad y repetida de otras cintas. Minnelli cumple a la perfección su trabajo narrando una historia con una precision brillante y siempre ayudado por la magnífica interpretación de Glenn Ford. Sin embargo este gran éxito comercial del cual saldría luego una horrenda serie de television no está al nivel de otros trabajos suyos.

DECISION AT SUNDOWN (1957)

CITA EN SUNDOWN de Bud Boetticher. (“Decision At Sundown”, 1957). Escrita por Charles Lang. Fotografía de Buruett Guffey (color) Con Randolph Scott, John Carroll, Karen Steele, Valerie French, Noah Beery Jr., John Archer, Andrew Dugan, John Litel, Ray Teal. USA. Columbia. 77 minutos. (***, de 4)

Bud Boetticher dirigió en la década de los cincuenta 7 westerns, varios de los cuales hoy son ya inmortales. De esos 7, cuatro fueron escritos por el excelente guionista Burt Kennedy que cuando pasó a director de cine no hizo nada que pasara de lo mediocre. Y cuando los guiones no eran de éste fueron de Charles lang que dió a sus films un toque bastante más convencional.

Esta cinta está escrita por Charles Lang, dirigida por B. Boetticher y producida e interpretada por el excelente Randolph Scott. Los resultados no tienen punto de comparación con los conseguidos por Kennedy y el film se queda en un western bien dirigido, bien interpretado y de contenido bastante convencional. Lang parte de un argumento excelente que en bastantes escenas nos hacen recordar el excelente “Solo ante el peligro” de Fred Zimmeman pero que está desarrollado de un modo adecuado para gustar a la familia y hacer las delicias de los más pequeños: éste no es un western adulto, es, sí, un western narrado por la encomiable convicción de un maestro del estilo como fué Boetticher, pero de escaso fuste. Tan sólo al final el guión denota un momento genial: el perdón de la vida a Tate y la reacción ante esto del personaje interpretado por Scott. Una pena. Pudo haber sido una obra maestra pero tuvo que quedar en un western de interés pero en resumidas cuentas un Boetticher adulterado. )

THE TALL T (1957)

LOS CAUTIVOS, de Budd Boetticher. (The Tall T, 1957). Con Randolph Scott y Maureen O’Sullivan. Escrita por Burt Kennedy. Columbia. USA. (****, de 4). 77 minutos.

Es, francamente, muy difícil encontrar en el Viejo Hollywood un film del oeste que si bien no sea demitificador sea necesario. Tan sólo ya acabando los años 50 hay verdaderas obras de talento en este género cinematográfico tan marginado y subvalorado como el Western es. No obstante hay ejemplos rutilantes del western serio (“El hombre de Laramie, 1955, Anthony Mann) o “Cabalgar en solitario” (Budd Boetticher) pero indudable los hay y no vale la pena ocultarlos. Bud Boetticher es junto a John Ford, Raoul Walsh y Anthonny Mann uno de los grandes, de los colosos de ese olvidado, incomprendido y hermoso género que es el de narrar el polvo de las llanuras, el de ver el viento entre las rocas, el de oír el aullido del coyote. No hay una clase de cine más patética y al mismo tiempo hermosa, sólo ésta y el cine negro.

“Los cautivos” está escrita por Burt Kennedy, está producida e interpretada por Randolph Scott y está dirigida por Bud Botticher, forma parte de la corta saga de 7 cintas que a finales de la década de los 50 Boetticher en colaboración con Scott como actor realiza, generalmente con guiones de Kennedy. Esta unión: Boetticher-Scott-Kennedy ya legendaria al igual que la de Mann-Stewart-Yordan dió frutos bastante interesantes y sobre todo, serios. Raoul Walsh no tuvo colaboración fija con apenas ningún guionista y el actor con el que más trabajó fué, en este género, con Errol Flynn, que si bien confería a las cintas del viejo gran maestro tuerto un aire y un ambiente de cinismo y sarcasmo lo cierto es que con él no pudiese hacer una cinta del todo dura, entre otras cosas porque allí, en el Viejo Hollywood, cada actor tenía en la pantalla y en la mente del público una personalidad, Humphrey Bogart era el “duro”, Rock Hudson el guaperas justiciero etc. con lo cual Flynn tenía que hacer un papel muy a su medida pero perjudicial para la sobriedad que el oeste requiere.
Bud Boetticher, a sus películas sabía plasmarles un sello, una marca muy especial, y Randolph Scott unas representaciones de sus papeles enteramente geniales como generalmente era el conjunto en los films de Bud Boetticher. La seriedad, la rigidez y la sequedad de los planos de Boetticher son, seguramente, los únicos, o unos de los únicos que mostraban la historia del western tal y como tuvo que ser. Randolph Scott lleva a cabo su personaje de un modo redondo, Scott puede ser llamado sin temor a represalias el Bogart de las llanuras, el “duro” y romántico aventurero, comedor de polvo, que ha visto tantas y tantas crueldades e ignominias que no puede dejar de exclamar que su mundo tal vez no sea un buen mundo pero es el único que tiene y es en el que tiene que vivir, por eso procura defenderse y defender con ello su pellejo porque al igual que mundo no tiene más que uno.
Sin embargo pese a la rigidez y a la sequedad, los personajes encarnados por Scott no son héroes, ni tan siquiera hombres armados tan de valor y coraje, tan valientes y capaces de todo que más que hombres parecen computadoras y marionetas rígidas sin sentimiento ni temores y que no le dan a este viejo género lo que se merece, esos duros del western que nos han regalado, estereotipados y falsos como una careta son en cierto modo atractivos pero unos farsantes. Era el tiempo de donar a los personajes del celuloide de dotes que el humano no posee y por lo tanto elevarlos a lo divino y lo mitológico, los personajes de Scott no son así, nos sorprendemos al oír en el film éste cuando le preguntan si tiene miedo que sí. Y nos sorprendemos por lo inusual de estas confesiones. Cosas como éstas son las que hacen de Bud Boetticher y de sus películas verdaderas obras maestras y perennes ejemplos del arte cinematográfico. Boetticher en estos 7 films (y nos referimos cuando hablamos de él y de Scott a ellos sólamente) logra darnos un nuevo prototipo de cowboy o de pistolero que va por ahí matando gente, Boetticher sabe conjugar en 7 ejemplos capitales a dos genios como los son Scott y Kennedy sin contarse él dando como frutos productos que escapan al maniqueísmo general de este tipo de cintas que, frenadas por la censura, no pudieron decir todo lo que pretendían. Boetticher no tiene un cine de buenos y malos sino de gente que juega a un peligroso juego: El juego de estar vivo y de seguir estándolo. Es imposible olvidar el gesto de Randolph Scott cuando pregunta donde está su amigo y le contestan que en el pozo, muerto: “¿Y el niño”. “También”. –le vuelven a contestar— y entonces en su rostro aparece una mueca que ni más ni menos quiso decir: Qué horrible es esta tierra y los que matan, pero incluso yo tengo que matar porque quiero seguir viviendo. Soy como ellos, soy como todos”. Ahí radica el secreto del buen western, hasta el “bueno” es en el fondo un asesino que no puede hacer otra cosa.

THE BELLS OF ST. MARY´S (1945)

LAS CAMPANAS DE SANTA MARÍA, de Leo MacCarey (The Bells Of St. Mary’s, 1945) Escrita por Dudley Nichols. Fotografía de George S. Barnes. Con Bing Crosby, Ingrid Bergman, Henry Travers, Ruth Donnelly, Joan Carroll, William Gargan, Martha Sleeper, Dickie Tyler, Una O’Connor, Minerva Urecal. RKO. USA. (****, de 4).

Tras el gran éxito de “Siguiendo mi camino” Leo MacCarey lleva a cabo un film en el cual se cambia a Barry Fitgerald, el cura gruñón, por Ingrid Bergman, la monja sueca dejando, sin embargo, al cínico cura Bing Crosby en el plantel. Los resultados fueron, son y serán admirables. Leo MacCarey se embarca en esta aventura y la lleva a buen puerto dando a los anales del cinema una atractiva cinta de humor magníficamente dirigida e interpretada. El juntar en un film a dos actores como Ingrid Bergman y Bing Crosby fué genial sin lugar a dudas. Con Ingrid Bergman venimos a revalorar el plantel de mujeres-mitos del Viejo Hollywood que sin embargo sabían actuar y no eran solamente dientes blancos y carita de ángel. La Bergman tiene valía delante de una cámara a capazos, su personalidad, dulzona y romántica en la mayoría de sus films, tiene la capacidad como para saber qué papel está llevando a cabo. Si ha de hacer de médico intentando ayudar a un curiosísimo paciente en “Recuerda” de Hitchcock, lo hace, si ha de hacer de monja BIEN HECHO, lo hace. Ingrid Bergman, con su preciosa cara y su precioso cuerpo poseía algo que muchas actrices desearían para sí: el saber dar el punto adecuado a cada palabra, a cada sílaba y a cada letra.

El otro acierto de la película lo puso Bing Crosby que lleva a cabo una excelente representación de un cura cínico y bromista muy poco corriente entre la gente clerical. Este trío de talentos Bergman-McCarey-Crosby ha cosechado un fruto, un producto, muy poco corriente en la comedia norteamericana y pese a sus excesos de sentimentalismo merece estar catalogada como una hábil e ingeniosa obra maestra.