sábado, 27 de octubre de 2007

THE MAN FROM LARAMIE (1955)

EL HOMBRE DE LARAMIE de Anthony Mann (The Man From Laramie, 1955). Escrita por Philip Yordan y Frank Burt. Fotografía de Charles B. Lang (color). Con James Stewart, Arthur Kennedy, Catty O’Donnell, Donald Crisp, Alex Nicol, Aline McMahon, Wallace Ford y Jack Elam. Columbia. USA. (****, de 4)

El western, al igual que el cine negro, necesitan para llegar a alcanzar la cima de unos artesanos, de unos genios y de lo que sea con tal de no caer en la mediocridad. Por eso del western y del cine negro han salido tantas y tantas cintas ignominiosas e insípidas, anodinas y superfluas que han hecho caer a estos dos géneros (sobre todo al primero) en la mente de las personas como dos máquinas de hacer filmes intrascendentes y desde luego, infantiles; y esto es falso. En el western ha habido verdaderos genios que se han sabido recrear en el ambiente duro de aquellos tiempos (Raoul Walsh, Bud Boetticher, Anthony Mann, John Ford, Fred Zinneman...) y que han dado frutos tan inolvidables en la historia del cine (“Murieron con las botas puestas”, “Cabalgando En Solitario”, “El Hombre de Laramie”, “La Diligencia”, “Solo Ante el Peligro” respectivamente) y sin embargo ¿por qué la gente mira el género del oeste como si fuese unas peliculitas destinadas a los críos? Más o menos, hubo una etapa en que yo también aborrecí el western, se puede comprender, el oeste ha sido el tema cinematográfico más adulterado, y no es extraño, pues, que sea hoy en día el destinado antes que ningún otro a los “ghettos” o desvanes críticos de la sociedad.
Anthony Mann, como antes creo haber dicho, es uno de los grandes maestros del Cinema del oeste y como tal supo darle a sus obras unos extraños toques de crudeza y realidad que muy pocos supieron inferir a sus filmes. La realidad del western no se encuentra en contar si los indios o los americanos hacían la guerra o cuál era el verdadero “malo” de la historia. El western no es eso ni mucho menos, la autenticidad de oeste americano se encontraba en la densidad de los ambientes, en lo amargo de las situaciones, en lo duro que era vivir en aquel tiempo, en un tiempo en que las más salvajes historias se sucedían en aquella tierra en desarrollo, en un tiempo que no hace tanto que ha acabado y que volvió a resurgir de otro modo pero con idénticas fisonomías y perfiles en los años 20 cuando la Prohibición. Anthony Mann es uno de esos pocos que supieron narrar la historia de América con toda su crudeza y salvajismo de salpicaduras casi animales. (1982)