sábado, 13 de octubre de 2007

TARZÁN EN NUEVA YORK (1942)

TARZÁN EN NUEVA YORK, de Richard Thorpe (The Tarzan’s New York Adventure, 1942). Con Johnny Weissmuller y Maureen O’Hara. (**, de 4). USA. MGM.

En mi adolescencia se desarrolló en mí un extraño repelús a ciertas películas que, durante mi infancia, habían constituido mi pan y mi sal. Las viejas cintas de Tarzán, protagonizadas por el nadador Weissmuller, se hallaban entre ellas. Esta vieja reseña, como las anteriores fantascopías, fue escrita un sábado por la tarde del año 1982.
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Las cintas de Tarzán con el paso del tiempo han ido perdiendo la mayor parte de su atractivo y valor. Si antes, por ejemplo, el mito era considerado popular y familiar, hoy esa consideración se ha quedado en que es tan sólo en nuestros días una pieza de museo y una reliquia más que una película. Mas con todo, la serie tiene algo que perdurará siempre y que no morirá: la filosofía tarzanesca. Tarzán es un personaje selvático al que un día raptan a su hijo. Entonces, Jane y él viajan a Nueva York —acompañados por la sempiterna “Chita”— con el afán de encontrar al pequeño Boy —pequeño que me cae repelentemente mal—. Ahí es donde empieza todo. Ésta es la última cinta de la corta serie de títulos producidos por MGM sobre el tema selvático y con la cabeza vacía de ideas deciden llevarlo a la gran urbe. Los resultados son un film discretamente realizado por Thorpe pero que sin dudarlo es el más interesante de la serie ¿por qué? por el contraste Tarzán-Humanidad. Es decir, sencillez, bondad, felicidad contra egoísmo, maldad, etc. Tarzán se ve contrastado con Nueva York porque él es alguien libre y bueno que de repente se ve entre el resto de la gente, ve que la selva con sus peligros es hermosa y poética pero no es así la civilización con los suyos. Sin embargo esta vertiente filosófica está tratada de refilón y mal tratada. Si sus responsables hubiesen afrontado la filosofía de Tarzán en un mundo hostil de un modo más profundo, los resultados hubiesen sido mejores.

1982